El secreto para una mermelada espesa

Si te gusta hacer mermelada y alguna vez no has podido conseguir que espesara, este es sin duda tu post. Si te has preguntado por qué tu mermelada de ciruela te sale con el punto correcto de espesor y, sin embargo, por qué no hay manera de tener el mismo resultado con tu mermelada de mora, fresa o melocotón, te interesa seguir leyendo. El secreto está en la pectina.  ¿Preparados para conocerla?

#1. Qué es la pectina


La pectina es una sustancia contenida en la fruta. Cuando hacemos mermelada, la pectina reacciona con el azúcar haciendo que la mezcla solidifique. Sin embargo, no todas las frutas contienen la misma cantidad de pectina, de ahí que algunas mermeladas solidifiquen sin problemas y a otras les cueste más.

#2. Qué contenido de pectina contienen las frutas de tus mermeladas

Alto Medio Bajo
Ciruela Albaricoque Piña
Grosella Arándanos Melón
Lima Frambuesa Nectarina
Limón Moras Melocotón
Naranja Manzana Uva
Manzana (reinetas y silvestres) Fresas Plátano
Membrillo Cerezas
Higo
Níspero

 #3. La acidez también es importante

Sí, porque la acidez facilita la extracción de la pectina. El contenido de pectina que puedes ver en el cuadro del apartado anterior es determinante para lograr una mermelada espesa, pero también es importante la acidez de la fruta. Dentro de los valores indicados, cuanto más ácida esté la fruta, mayor será la capacidad de ésta para espesar. Y, al contrario, cuando la fruta es muy dulce y no tiene acidez es más difícil que espese la mermelada.

#4. Cómo conseguir una mermelada espesa

Puedes optar por diferentes métodos. El más tradicional consiste en añadir zumo de limón o trozos de otra fruta con contenido alto de pectina (como el membrillo). Esto tendremos que hacerlo sin pasarnos para no alterar el sabor de nuestra mermelada.  Si nos decidimos por el zumo de limón, la cantidad adecuada es 2 cucharadas soperas por kilo de fruta. Otra alternativa es añadir una cáscara de limón durante la cocción de la fruta y retirarla antes de triturar.

Tradicionalmente, una forma de conseguir mermelada más espesa ha sido aumentar el tiempo de cocción, pero en conservascaseras.com no te lo recomendamos, porque se reduce el sabor de la fruta. Al final la mermelada sabe más a azúcar que a otra cosa.

Otra opción sería utilizar algún espesante natural como el agar-agar, a base de algas marinas, en una proporción de 6 a 8 gr por cada kilo de mermelada (cantidad de fruta + azúcar). El agar-agar se añade cuando la fruta está hirviendo. En España puedes comprarlo en herbolarios y en tiendas de productos asiáticos. Pero también lo puedes comprar online.

Finalmente, puedes animarte a preparar tu propio extracto de pectina, veamos cómo.

#5. Cómo preparar extracto de pectina

Necesitarás 4 kilos de fruta verde. Las manzanas o los membrillos son ideales. Lavas la fruta y la cortas a trozos grandes, sin pelarla ni quitarle el corazón. La cueces a fuego lento con la tapa, hasta que esté blanda y, a continuación, la extraes y la pones sobre una tela o tamiz y la dejas escurrir toda la noche. El líquido obtenido lo pones al fuego y lo reduces un tercio. Una vez enfriado, lo congelas en porciones de 2 decilitros. Por cada 1,5 kilos de fruta, utilizarás 2 decilitros de extracto de pectina durante la cocción de la fruta.

#6. ¿Prefieres comprar la pectina?

Si lo prefieres, puedes comprar la pectina ya preparada. Pregunta en tu farmacia o herbolario habitual. O cómprala online.

Esperamos que esta información te sea de utilidad y que consigas que tus mermeladas caseras tengan un  grado óptimo de espesor. Ah, y si te ha gustado este post, no seas egoísta y compártelo. ¡Gracias!

Fuentes

•    Fernando Marin, Cómo hacer conservas en casa
•    Wikipedia, Mermelada

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Cómo envasar conservas, vídeo paso a paso

Este vídeo que Lorena Lara ha compartido en Youtube explica muy bien cómo hacer el vacío en los tarros después de esterilizarlos, sin necesidad de volverlos a cocer. En este vídeo, ella está preparando Jitomates (una hortaliza popular en México) pero la técnica es igualmente aplicable a cualquier conserva.

 

Vídeo sobre cómo envasar conservas

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Receta de humus casero

Os proponemos una forma de aprovechar las conservas de garbanzos de vuestra despensa: hacer humus en casa. ¿Qué es el humus? Es un delicioso puré de garbanzos que normalmente se toma como aperitivo o acompañante de un plato principal, junto con unas rebanadas de pan o de pita.

Es muy fácil de hacer. Con un tarro de garbanzos en conserva, aceite de oliva, un limón, comino, ajo picado y tahin lo tendremos hecho en menos de 5 minutos.

Primero abriremos el tarro de garbanzos y los lavaremos suavemente en un escurridor. Los pondremos en el vaso de la batidora, junto con un ajo picado muy fino (nosotros hemos usado ajo en grano para que no se note la textura del ajo), un chorro de aceite de oliva, una cucharilla de tajin y medio limón exprimido. Espolvoreamos un poco de comino por encima y a batir. El tajin a veces es difícil de encontrar (lo hemos encontrado en tiendas de alimentación asiáticas), pero no importa porque es un ingrediente opcional. Lo que realmente da el gusto característico al humus es el comino.

Una vez batido, lo servimos en un cuenco con un poco de aceite de oliva por encima y unas tostadas de pan, pita o similar. También se le puede añadir un toque de pimentón rojo. Al gusto.

Espero que os guste esta receta sencilla para consumir las conservas de garbanzos.

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Conservas caseras

Preparar conservas caseras es una manera muy fácil y sana de consumir alimentos fuera de temporada. En este blog os mostraremos cómo hacer conservas caseras de una forma sencilla.
Las conservas hechas en casa permiten mantener muchas de las vitaminas, proteínas y nutrientes de los alimentos. Algunas vitaminas se pierden, pero se conservan muchas otras y los jugos de cocción conservan las sales minerales de las verduras y frutas.

En su origen, las conservas fueron una forma de prolongar la vida útil de los alimentos, que no siempre estaban disponibles. El primer conservante natural fue el frio. En el Neolítico, los humanos aprendieron que la parte más fresca de las cuevas era el mejor sitio para almacenar la comida. Más tarde se descubrió el ahumado y el secado de alimentos con el sol y el aire. El siguiente paso fue la salación.

Pero el gran desarrollo de la industria y la técnica de las conservas se dió con el descubrimiento de la esterilización o “pasteurización” en 1863 por Louis Pasteur.

A pesar de todos los avanzces en la higiene, hoy en día sigue siendo muy importante tomar una serie de precauciones en la elaboración de las conservas caseras.

  • Recipiente: lo ideal es utilizar un tarro de cristal. No hay problema en reutilizar los tarros de aceitunas, tomate, mermelada… Pero no es aconsejable reutilizar las tapas. Hay que asegurarse de que estén en buen estado, sin óxido ni golpes ni restos de humedad. Lo mejor en todo caso es comprar unas nuevas. Antes de utilizar tanto botes como tapas, es imprescindible esterilizarlos, por ejemplo hirviéndolos durante 15 minutos, y escurrirlos teniendo cuidado de no tocar el interior.
  • Es aconsejable no llenar del todo los tarros, dejar unos dos centímetros para que el alimento pueda expandirse en su interior tras la cocción.
  • Los tarros se cierran con cuidado, con la ayuda de un paño para lograr más presión, y se ponen al baño maría, cuidando que el agua no llegue hasta la tapa. El tiempo que dejaremos hervir los tarros dependerá del producto.
  • Los alimentos a conservar deben estar suficientemente maduros (aunque con la fruta es mejor que no sea muy madura) y deben de ser de temporada para aprovechar mejor sus cualidades.
  • Cuando termina la cocción, dejar enfriar los tarros en la olla. Una vez fríos, comprobaremos con la mano que estén cerrados herméticamente. Si alguno pierde líquido o queda abierto, es mejor tirarlo.
  • Antes de almacenarlos, hay que etiquetarlos siempre con la fecha de elaboración.
  • Las conservas hay que guardarlas en un lugar sin luz, fresco y ventilado.
  • Las conservas caseras se deben consumir antes de un año.

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